Buñuelos de calabacín dulce de la abuela Benita

Buñuelos de calabacín.jpg

Más que una receta, traigo un conjuro. Encantamiento trasmitido de generación en generación por las brujitas de mi familia del norte. Yo la recibo de mi abuela paterna, Benita, que vive en El Bierzo a orillas del río Boeza, afluente del gallego Sil.

Cuando digo la recibo, quiero decir consigo sacársela por entregas, sin nada que se parezca ni remotamente al orden o la precisión, mientras arranca patatas en la huerta, calienta un caldo o pone a secar no sé qué en el corral.

Mi abuela, también sus hermanas, solían y suelen hacer estos buñuelos de calabacín dulces para los días de fiesta. Saben, pues, a infancia, verbena y vacaciones. Yo los preparo un día laboral cualquiera, para celebrar que, al fin, me haya sido dado conocer la receta-conjuro. A mis treinta y dos años, debo de estar alcanzando la mayoría de edad brujeril. Eso bien merece inventarse una fiesta.

Ingredientes para una bandeja o plato grande como el de la foto:

-Un calabacín hermoso o dos si son pequeños.

-Dos o tres huevos, según el tamaño.

-Cinco cucharadas de harina de trigo (quizá se precisen más o menos, en función de que la textura de crema firme de la mezcla se consiga enseguida o no: lo mejor es ir viéndolo sobre la marcha. También es posible sustituir la harina clásica por harinas sin gluten de arroz, garbanzo o almendras, por ejemplo).

-Tres cucharadas de azúcar (variar al gusto).

-Aceite de girasol y de oliva mezclados para la fritura (el de oliva da un sabor demasiado fuerte a los postres de este tipo).

-Un plato de azúcar con canela (opcional) para el rebozado final.

Modus cocinandi

Se pela el calabacín y se corta, quitándole las semillas del centro.

Se cuece sin sal durante unos diez minutos, hasta que esté blandito.

Se baten los huevos en un plato y se añaden, bien escurridos y secados, los pedazos de calabacín cocido. Se escacha todo bien con ayuda de un tenedor. Repito el verbo mágico que emplean tanto mi abuela como sus hermanas y que, para mi sorpresa, recoge el diccionario de la Real Academia de la lengua española: escachar, sinónimo de cascar, aplastar, despachurrar.

Al escachao le vamos añadiendo las cucharadas de harina y de azúcar que nos pida. Calma. No hace falta saber idiomas. Ya veréis como el escachao se expresa con claridad meridiana. El objetivo es obtener una masa cremosa, ni muy líquida mi mazacote en exceso; y levemente dulce (por crudo que esté el huevo, yo lo pruebo, igual que cuando salo la mezcla para las tortillas de patatas. Y todavía no me he muerto).

Se calienta en una olla o sartén honda la mezcla de los aceites (en El Bierzo, dicho sea de paso, la sartén es masculina: el sartén. ¿Será por el mango?) y, con ayuda de dos cucharas, se van friendo pequeñas porciones de la mezcla hasta que luzcan doraditas por las dos caras.

Se van sacando a un plato con papel de cocina, para evitar el exceso de aceites; y rebozando después, si se quiere, en azúcar o bien en una mezcla de azúcar y canela.

Voilà ! 

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